Por Patricia Magariños
En
estos “refugios urbanos” de los vieneses
se sirve comida y expenden bebidas
alcohólicas a toda hora. También se
puede leer la prensa, jugar una partida
de bridge, ajedrez o billar. Actualmente
Viena cuenta con más de 1.100 cafés de
todo tipo.
En todos los cafés los camareros están
de etiqueta rigurosa y es que aún se
conserva esta tradición de la época
dorada de Viena. El mobiliario de un
café vienés puede ir de lujoso y
confortable a frío y moderno. Los cafés
clásicos suelen tener mesas de mármol.
A finales del Siglo XIX y principios del
XX, muchos escritores famosos
frecuentaban los cafés vieneses por su
ambiente, e incluso escribían en ellos.
El tradicional café vienés es el
“inspanner”, que es el café solo doble
con nata montada. Eso mismo pero con
leche condensada es el “.kleiner
brauner”. El habitual café con leche
español en Viena es el “brauner”, y al
capuchino italiano lo llaman “melange”,
es decir café con leche espumada. Los
vieneses lo piden mucho y se sirve con
el infaltable vaso de agua. En un buen
local es muy común pedir el 1-2-3-4, es
decir un “melange”, dos vasos de agua,
tres periódicos y cuatro horas para
leerlos.
En Viena hay muchos antiguos cafés con
un rica historia. El café Imperial es el
más famoso del siglo XIX: aquí se alojó
Richard Wagner y Hitler colocó su
cuartel general tras la Anschluss, el
Café Frauenhuber, es el café más antiguo
de Viena, aquí actuó Mozart en una
ocasión para el público del local, el
Café Prukel, es la cuna de los jugadores
de bridge, aquí se organizan partidas
entre los mejores jugadores de Viena, el
Conditorei Sluka, “El” Sluka representa
en Viena placer con la pastelería más
fina, el Café Landtmann, por donde pasó
Sigmund Freud, Marlene Dietrich, Romy
Schneider, Paul Mc Cartney y Hillary
Clinton, entre otros.
El café vienés tiene una historia de
muchísimos años, pero a pesar de su
edad, está más vivo y es más variado que
nunca.